

Hola. Aquí estoy.
Que cómo me llamo? Mayte.
Apellido?. No lo necesito... menos en este día...
Vivo en el barrio de Salamanca. En la parte antigua de Madrid. Cargada de personajes, historias y aromas. En diagonal al puesto de frutas. Ése, que todos los días cambia la disposición de sus productos. Como si fuese un escaparate de la Calle Mayor. Creo que, -además de la gracia de la vendedora-, allí reside la gloria del puesto. Cada día es una sorpresa. Un trazado nuevo. Una renovada invitación. Y como yo vivo en el tercer piso tengo el privilegio de conocer de antemano cual será la ornamentación del día.
Aquí las peras, -jugosas y maduras-, allí melocotones inflados... y mas allá los plátanos. Desde arriba todo se ve diferente. Me resulta interesante dedicar unos momentos a contemplar los recorridos de la gente. Sus maneras. Sus prisas. Y las rutinas de los habitantes de mi lugar. Mientras espero tu llamado de todas las mañanas.
Qué deseo para el desayuno? Que pregunta..., pues te escojo a ti, por supuesto. Y para el almuerzo, para la merienda y como no podía ser de otra manera para la cena también. Porque la cena es muy especial. Es el momento del día en que mi piel se pone de poros. Mi piel es para la noche. Y mis sentidos. Y mis deseos. Cuando los ojos huelgan y solamente hay que dedicarse a oír, a oler, a sentir.
Este teléfono ya me está molestando. Prefiero tus palabras en mi oído, como el martes. Elijo tu mirada escudriñando la mía, como ayer. Bien sabes que esto de lo virtual no me apetece. Así que nada. Pensándome sobre si cumplir con mis obligaciones me he descubierto en planes torcidos contigo. Bien sabes que no soy de salirme del camino, y no suelo cometer digresiones ... pero hoy...
Hoy no importa mi apellido.
Ya está. Ya lo he decidido. Hoy me dedicaré por completo a ti. Y tú a mí. No importa el orden. Dejarás por un día en tu vida, todos esos papeleos y agendas. Y yo seré tu tarea. Y tú serás la mía. Como la primera vez. Pero mejor. Porque los dos sabemos ya de eso.
Venga. Te espero en media hora, que es lo que demoras en llegar hasta aquí.
Ah, y no olvides por favor el arco iris de frutas. Necesitaremos algo para tener un atisbo de mundo en nuestro refugio, y recordar que somos mortales cuando otros apetitos nos apremien. Con una de cada color bastará. Comeremos sus carnes y beberemos sus zumos. Adiós cariño. Nos vemos en media hora. Cuando el mundo se detenga.
M.V.Z.
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