05 abril 2008

Caminos [fragmento de Pesadilla inacabada (redundante falacia)]

-¿Qué pasó con Carolina? –me preguntó Mauro justo después de habernos encontrado tal y como él quería en la puerta de la librería.
-No sé como explicártelo –contesté dudoso de que pudiese comprender lo que había pasado-. En fin, supongo que se dio un paso lógico por parte de los dos.
-¿Un paso lógico? Venga, hombre, explícate –Mauro no entendía que algunas cosas eran difíciles de comentar, sobre todo cuando te afectan tanto.
-Bueno, verás, ¿tú te acuerdas de que ella es pintora? –empecé mi explicación.
-Sí, claro. Por lo que tengo entendido lo hace fenomenal.
-Y sabes perfectamente que yo soy guionista frustrado...
-Lo de frustrado está aún por demostrar –me cortó-. A mí me gustan tus historias –añadió con una amplia sonrisa que no supe como interpretarla.
-Pues eso... Yo guionista sin futuro, ella pintora con gran porvenir...
-No entiendo...
-Ella tenía una beca para cursar Bellas Artes en no me acuerdo cuál universidad francesa muy prestigiosa, avalada por el mismísimo conservador del Museo del Louvre...
-¿Del Louvre? ¡Hostia! ¿Tan buena es? –me volvió a cortar.
-Sí, es la caña –agregué y seguí con mi explicación-. O sea, que a ella le conceden una beca cojonuda –él asentía con la cabeza cada vez que comprendía lo que le iba diciendo-, avalada por una eminencia y financiada por una entidad reconocida como de las mejores del mundo.
-Joder, ¡vaya novia que te buscaste, tío!
-Sí, colega, no sé cómo alguien tan... –me corté un poco buscando los adjetivos adecuados-, tan bueno se puede acercar a alguien como yo.
-¡Ja! Tienes toda la razón. No te la mereces...
-Bueno, eso, que a ella le conceden la beca y entonces se plantea quedarse aquí conmigo.
-No jodas.
-Sí –añadí al instante-. Se quería quedar conmigo y yo, lógicamente, le dije que eso no podía ser, que no iba a consentir que destrozase su carrera por mí.
-Muy bien hecho, colega –espetó-. ¿Qué dijo ella?
-¿Decir? Esto... dijo que me quería.
-¡La hostia! ¿Qué le diste?
-Nada, era ella la que me lo daba todo a mí, incluso me invitaba la mayoría de las veces –y con una sonrisa pícara añadí-. ¡Está forrada la tía!
-Tío, ¿cómo dejaste escapar un encanto así?
-No le dejé escapar. Simplemente pasó por mi lado... ya sabes lo que opino sobre la posesión... Así que, total que... Que le dije que lo nuestro, muy a mi pesar, no podía continuar.
-Joder, ¿se lo dijiste tú? ¿Cómo se lo tomó? –preguntó Mauro atropelladamente.
-Mal, pero pareció comprenderme.
-¿Comprender? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿El qué? –volvió la batería de preguntas.
-Mis sentimientos... porque me dio un beso muy apasionado, me miró fijamente a los ojos y con una sonrisa ambigua en la boca, casi agridulce, me dijo: “Te veré en aquel lugar donde tu camino y el mío vuelvan a encontrarse para que tú disfrutes de un cuadro hecho para ti y yo disfrute de una película hecha para mí. Adiós, Rafael, encuentra el camino, por favor”.
-Joder, tío, ¿y tú qué vas hacer ahora? –preguntó por última vez.
-Buscar el camino, tío,... buscar el camino.

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