01 julio 2008

Inconcluso


... Sabíamos que nos quedaba poco tiempo. Los dos éramos concreta y completamente conscientes de ello. Lo que por supuesto ignorábamos era cuánto. Poco puede ser una vida, un mes, un segundo. No había regreso de aquella sentencia.
Llevábamos diez días y sus noches transformados e inmóviles. En cuerpo y alma. Desde el día de la noticia, comenzamos a funcionar como máquinas, sin rumbo y sin norte. Sobreviviendo al derrumbe que nos había aplastado la alegría. Sólo cumplíamos con los mandatos fisiológicos vitales, pues los dos renunciamos a todos nuestros compromisos ni bien supimos el veredicto.
Al despertar, nuestros ojos húmedos se buscaban e inmediatamente nos tomábamos de la mano. Así llegamos a permanecer hasta cinco horas sin movernos ni pronunciar palabra alguna. Cuando alguno de los dos tomaba la iniciativa de levantarse de la cama que nos tenía prisioneros, el otro descansaba y suspiraba. Aquellos diez días fueron una eternidad. Hasta que aquella mañana fría, decidí que lo que fuera que quedase, serían los días más felices de nuestras vidas. Sin pensar. Sin detenerme. Sin dejar espacio para un no. De una manera extrañamente tranquila y natural rompí el silencio que nos acompañaba desde aquel jueves frío y soleado a la vez.
- Martín, -le dije-, nos marchamos esta misma tarde.
Me miró con sus ojos redondos, como hacía mucho... se tomó unos minutos y se incorporó con dificultad. Aceptó la taza de café caliente que le había preparado, como hacía mucho... y con voz clara y pausada intentó averiguar qué me había ocurrido. Con el mismo amor de siempre. Con más cariño que nunca.
- Qué ocurre corazón? Adónde quieres ir? Murmuró casi en silencio.
- No lo sé. Sólo sé que hoy comienza el resto de nuestras vidas, y quiero beberme hasta la última gota de tu ser. Y si estás de acuerdo, quiero que bebas de mí también hasta saciarte, le dije más con el corazón que con mi voz.
Por un segundo sus labios dibujaron una tímida sonrisa. Se había olvidado hasta de sonreir...
Se dejó querer, se dejó llevar. Y todo su ser dijo sí.
Y entre su boca y la mía, nació un beso sin descanso...
M.V.Z.

1 comentario:

Anónimo dijo...

precioso y conmovedor